Si analizamos históricamente los muros fueron creados y pensados para la defensa personal o social. Se levantaban con tal de proteger a una comunidad de un ataque enemigo; hoy por hoy no los levantamos con una magnitud tan grande, pero si nos resguardamos con rejas dentro de nuestras casas. Incluso, llego a pensar que esos "muros" no son nada. Ni la historia o sus grandes culturas han podido crear muros tan grandes como los personales. Con esto me refiero claro a los que hacemos con tal de resguardarnos de la gente, o más que de ellos de sus sentimientos. Estamos acostumbrados a poner barreras, muchas veces de manera preventiva y apresurada. No nos da miedo que nos vengan a atacar, podríamos enfrentar fácilmente un ejército de mil hombres, pero no podemos contra una sola persona cuando la queremos.
He llegado a creer que el amor es inútil y destructivo, pero como sentimiento es el mejor que alguna vez podemos experimentar. Las murallas a las cuales estamos acostumbrados no dejan ver más allá que nuestra propia agonía solitaria, caemos, lloramos, nos levantamos, sonreimos y volvemos a caer. Todo se transforma en un completo círculo vicioso. Si hemos de golpearnos que sea en aquello que nosotros mismos pusimos como barrera, golpearla hasta romperla. No estoy a favor, por supuesto, de abrir el corazón o los sentimientos completamente a la gente, a nadie.
Si hay que hacer un manual de qué muros debemos construir sería algo como:
- Que la altura de este sea hasta el comienzo del cuello, con ello aseguramos el corazón, pero nos permitimos mirar.
- Que su ancho sea del doble de nuestro cuerpo de perfil, así en caso de querer destruirnos tenemos como resguardarnos. Por otro lado si alguien quiere acercarse se vislumbran dos posibilidades: Que la persona se esfuerze y los haga caer o que a la primera se rinda. Sabemos de antemano cual de estas opciones queremos.
Nadie sabe construir límites mejor que uno y me enorgullese. Al menos, si hemos de ser miserables lo seremos en solitario y sin dar lástima.
En algún
momento hay que decidirse, los muros no mantienen a los demás fuera, si
no a ti dentro. La vida es un caos, somos así. Puedes pasarte la vida
levantando muros, o puedes vivirla saltándolos. Aunque hay algunos muros
demasiado peligrosos para cruzarlos. Lo único que se, es que si
finalmente te aventuras a cruzar las vistas al otro lado son
fantásticas.